El sonido del silencio

El sonido del silencio

Decía Ernst Hemmingway: “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”. ¡Cuánto nos cuesta permanecer en silencio!

Dar un espacio al silencio en nuestra vida no solo nos ayuda a nosotros mismos, sino que también produce un impacto positivo en quienes nos rodean.

Mediante la meditación podemos conectar con el silencio y a través de ello con los tesoros y el maestro que están escondidos en nuestro interior. En el curso de 8 semanas de mindfulness y reducción de estrés (MBSR) aprendemos conectar con nuestro silencio a través de diferentes métodos de meditación, tanto formales como prácticos.

“Si miras hacia fuera sueñas, si miras hacia dentro despiertas”. El siguiente cuento Sufi nos lo transmite con mucho humor.

El sonido del silencio – cuento Sufi

Un día, mientras permanecía inmóvil como siempre en el mismo sitio, un maestro vio aparecer en el horizonte una especie de bola de polvo. Aquella bola se hizo más y más grande y el sheik pronto reconoció a un hombre que se le acercaba corriendo y levantaba una enorme polvareda.

El hombre, que era joven, llegó hasta el maestro y se postró ante él.
– ¿Qué quieres?

El joven le contestó:
– Maestro, he venido desde lejos a oírte tocar el arpa sin cuerdas.
– Como quieras – le dijo el maestro.

El santo hombre no varió su postura lo más mínimo. No cogió ningún instrumento, no hizo nada. El maestro y el freviente discípulo permanecieron inmóviles. Tras tres días, el joven dejó percibir, quizá por un gesto, una inclinación o un carraspeo, un incipinte cansancio.

– ¿Qué te pasa? – preguntó el maestro.

El joven dudó un poco. Comenzó a balbucear algunas palabras. Para poder ayudarlo, el maestro preguntó:
– ¿No has oído nada?
– No – contestó el joven con voz culpable.
– Entonces, ¿por qué no me has pedido que tocase más fuerte?

Maestro: el sonido está dentro de nosotros, en nuestro corazón. Es cuestión de saber escucharlo.

Cuento del libro “Cuentos Sufis, la filosofía de lo simple” de Omar Kurdi y Pedro Palao Pons
Fotografía Flickr “Desierto”: Miguel Angel Herrero

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