¿Quizás te acabas de dar cuenta que no te gusta (de todo) la vida que llevas?

Entonces puede ser un muy buen momento para reflexionar sobre la vida que llevas.

 
 
 
 
 

Algunas reflexiones…

¿Crees que tienes mucho estrés en tu vida? Si es así, ¿podrías reducirlo de alguna manera?
¿Te gustaría introducir algún cambio en tu vida para mejorar su calidad?
¿Cómo es tu condición física y tu estado de salud en general?
¿Te sientes conectado contigo mismo y con tus valores principales?
¿Está la risa presente en tu vida? ¿Haces cosas que realmente te gustan?
¿Sientes que tienes control sobre tu vida o regularmente te arrastran las emociones o los acontecimientos?

Puede ser que pienses que todas estas cosas que deseas que cambien no dependen de ti. Pero la verdad es otra… ¿Y si lo que te limita no es la realidad, sino tus propias creencias?

El siguiente cuento Sufi que incluye una metáfora de “un camello atado” habla sobre esto.

Cuento Sufi… el camello atado

Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.

Caravana camellos

Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.

Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de el, pero el animal no quería moverse.

Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre.

¿Eres tu como este camello? ¿Estás atado sin cuerda? ¿A qué esperas para comenzar a caminar?

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Fotografías Flickr: “Cambios” Conal Gallagher / “Camellos”: Sharing