Elegir escuela

Cuando llega el momento de elegir escuela solemos pensar más en el futuro que en el presente.

Elegir escuela

Intentamos imaginar que les será más útil a nuestros hijos cuando sean mayores, a menudo primando su formación intelectual sobre otros aspectos, ya que la escuela es entendida por muchos como el lugar donde adquirir los conocimientos, habilidades y herramientas necesarias para incorporarse a una actividad profesional en la vida adulta.

Para ello nos basamos en la propia experiencia, examinando el éxito profesional o las barreras/ventajas para entrar en el mercado laboral que en nuestro caso supuso el tener un determinado nivel de conocimientos teóricos o titulaciones. Así, nuestra búsqueda suele centrarse en centros escolares de prestigio, reconocidos por su alto nivel de exigencia y excelencia académica, al que se supedita el resto de factores. El coste del centro –en caso que no sea público- y el tiempo de desplazamiento a menudo se considera una “inversión” y los progenitores no ahorramos esfuerzos para proporcionar los recursos necesarios con que costear la escuela y las actividades formativas –y no necesariamente lúdicas- complementarias al currículo escolar.

En medio del esfuerzo por darles lo mejor a nuestros hijos solemos obviar dos aspectos importantes:

El factor de estrés que a menudo supone acudir a este tipo de centros impacta en toda la familia:

En los niños:

  • Disponen de escaso tiempo para jugar, o sea, para ser niños; recordemos que jugando aprenden a relacionarse, a entender el mundo que les rodea, respetarse y compartir.
  • A menudo se sienten angustiados porque no pueden seguir el ritmo de aprendizaje y exigencia que les imponen los adultos; el sentir que no llegan puede generarles inseguridades y frustraciones.
  • Muchas veces están agotados por la carga de trabajo que les suponen los deberes y exámenes a los que constantemente están sometidos, incluidos los de algunas actividades extraescolares. Es posible que su jornada sea más larga que la de sus padres/madres.

En los progenitores:

  • Padres y madres que se sienten presionados económicamente para cubrir todos los gastos escolares y extraescolares, lo que puede limitar la elección de trabajos y/o jornadas laborales.
  • Frecuentemente asfixiados por la gestión del tiempo propio y de sus hijos, apresurados por llegar a tiempo a entregar y recoger a sus hijos a sus distintas actividades sin faltar a sus obligaciones profesionales.

Como consecuencia la familia pierde espacio y calidad de relación por la tensión que genera las actividades, obligaciones y cansancio de todos.

Con la llegada de las nuevas tecnologías el mercado laboral ha cambiado y sigue cambiando a una velocidad vertiginosa: lo que nos fue útil a nosotros probablemente no les será útil a nuestros hijos cuando se incorporen al mundo del trabajo.

Las empresas empiezan a elegir con más frecuencia a sus empleados por sus habilidades que por sus conocimientos, habilidades no solamente profesionales sino personales, que normalmente no ocupan un espacio en el currículo escolar.

  • Cuando disponemos de toda la información sobre un tema en un clic, tener espíritu crítico para discernir la información útil y fiable es más valioso que la memoria.
  • Empiezan a ser frecuentes pruebas de selección en las que se incluye una partida de play: se eligen candidatos que sean capaces de concentrase, asociar mucha y distinta información y que no teman tomar decisiones, es decir, responsables y seguros de si mismos.

El abanico formativo se ha ampliado tanto en áreas de conocimiento como en niveles de formación, constantemente surgen nuevas profesiones y con ello nuevos estudios que hoy no podemos imaginar:

  • Community manager, desarrolladores para aplicaciones de dispositivos móviles, expertos en innovación, entrenadores personales de distinta índole, terapeutas alternativos, nuevas profesiones y nuevas oportunidades profesionales… ¿mejor acumular conocimientos o saber ser flexibles y abiertos?
  • Candidatos y empresas recurren con más frecuencia a cursos de especialización y postgrados, formaciones cortas, prácticas y rápidas accesibles a personas sin titulación universitaria que demuestren una trayectoria formativa y profesional adecuadas. Quizás más que aprender mucho conviene empezar a aprender a aprender.

Llega el momento de plantearnos si tiene sentido seguir forzando a padres e hijos a seguir un ritmo tan acelerado y exigente entorno a la formación y educación escolar, a seguir un modelo escolar tradicional en tiempos que ya no lo son.

¿Qué esperamos hoy de la escuela de nuestros hijos?
¿Qué les pueden ofrecer los distintos métodos de enseñanza?
¿Qué opinan los expertos?

En Sloyu también queremos reflexionar sobre distintos aspectos entorno a la educación para ayudar a nuestros hijos –y ¡a nosotros mismos!- a bajar la velocidad sin por ello mermar sus posibilidades de éxito y el derecho de todos a disfrutar de su aprendizaje.

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2 comments

  1. Ana Serrano

    Gracias por este artículo 🙂

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