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Mami, ¿me llevas a MacDonalds?

Verduras de proximidad, ternera ecológica, fruta de temporada, nada de precocinados… has procurado la mejor alimentación para tu hijo pero llega el día en que plantea la pregunta maldita: “Mami, ¿me llevas a MacDonalds?

comida basura

Oh cielos, ¡mis principios!

Su cara irradia ilusión, sus ojos te miran y espera oír de tus labios una palabra de dos sílabas que es la opuesta a la que tienes en la punta de la lengua, esa lengua que te estás mordiendo mientras valoras, a la máxima velocidad posible, las opciones que tienes de esquivar la situación sin que tu hijo te baje del pedestal en que temporalmente sigues ubicada.

No se te ocurre nada… solamente que va contra tus principios. ¿Y qué es para un niño un principio frente a la ilusión de una caja de cartón con entretenimientos, llena de comida totalmente insalubre y un regalito horrible de plástico que va a estar roto antes de llegar a casa?

Ante la idea de que tu hijo te odie para siempre jamás y la convicción de que, si no va contigo, chantajeará a los abuelos y tíos para que le lleven a escondidas y nunca vas a saber si prefiere el pollo transgénico o la ternera hormonada, terminas por acceder.

Acabas de autopillarte en otro renuncio.

Relájate y disfruta

Mami, gracias, ¡eres la mejor!”. Pones tu mejor sonrisa de plástico porque ahora mismo te sientes la peor, dar veneno a tus hijos no es lo que entiendes por maternidad responsable. “Podemos ir a este” dice señalando una puerta con una gran corona donde te dicen que allí tú eres el rey.

Te entra sudor frío solo de pensar que te vas a encontrar con todos los conocidos que cuidan de la salud de sus hijos mejor que tu y que además presumen de ello en las reuniones del AMPA, donde tienes cierta credibilidad como persona consciente. Siempre puedes decir que entraste a hacer un pis, aunque resultará poco convincente si tu hijo lleva una corona de cartón en la cabeza y chorretones de ketchup en la camiseta.

Así que levantas la barbilla, miras al frente, entras decidida y pagas 3.60€ por un menú infantil consistente en bollo de hamburguesa con queso, un refresco, unas patatas fritas y un helado de caramelo. La sonrisa no cabe en la cara de tu hijo. “¿Y tú qué vas a pedir?” Le dices que no tienes hambre, aunque tengas el estómago pegado a las costillas.

Con la mirada perdida ves como abre la caja de cartón, medio vacía, buscando su regalo antes que la comida, una base con tracción a las cuatro ruedas sobre la que se sujeta una figura de uno de sus dibujos favoritos. A medida que va comiendo la bandeja se va cubriendo de envoltorios inútiles que ocupan toda su superficie. Es más de lo que vas a poder soportar sin echarle un discurso panfletario de esos que los progenitores echamos de vez en cuando y de los que los niños no entienden una palabra.

Redención

Y de repente se obra el milagro… y vuelves a pensar en positivo “Algo bueno vamos a tener que sacar de todo esto, ¿no?

“Oye cariño, ¿has visto que montón de papeles y plásticos nos han dado con la comida?”
“Uf, muchos mamá, no me había fijado”
“Y todo este plástico y cartón, ¿qué crees que debe costar, hijo?”
“Una pasta, porque hay un montón”
“¿Y el regalo?”
“Este tiene que ser carísimo porque está súper de moda y además se mueve?”
“¿Y te acuerdas de cuando costó el menú?”
“Claro, 3.60€”

Ataco por el flanco mates, su preferido “Y si le quitamos todo lo que cuestan los empaquetados y el regalo, ¿cuánto crees que queda para comida?”

Silencio. “Poquísimo mamá”

“Es por eso que a este tipo de comida la llaman comida basura, porque con lo que invierten en ella pueden llenar un estómago pero no alimentar”. Estoy en racha y sigo. “Cuando vienes a estos sitios vienes a pasar un rato con los amigos o a comprar un juguete, pasalo bien por ello y ten claro que no tiene nada que ver con alimentarse y cuidar de ti ni de la naturaleza”

Se queda pensando y sé que he plantado una semilla. La semilla de tener su propio criterio, pensar las consecuencias de sus actos y decidir la vida que quiere vivir, algo que solamente él puede hacer para sí mismo.

Salgo feliz porque no soy tan mala madre como pensaba hace una hora: he dado mi a mi hijo la opción de crecer olvidándome de mis creencias y mi ego.

Creo que lo celebraré con unas bravas y una caña.

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Fotografía Flickr “Fast Food”: kriisi

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11 Comentarios

  1. Buena lección. Si los niños tienen una influencia positiva con argumentos razonados es un pilar para no ser tan susceptibles a la presión social de sus compañeros y la propaganda.

    Pero mejor no celebrarlo con esa cerveza con patatas, que es prácticamente todo hidratos con calorías vacías y escaso alimento, no mucho mejor nutricionalmente que las mismas patatas de la hamburguesería. Lo digo porque imagino que pretendías ponerlo como contraste a la de McDonalds de una buena comida tradicional; pero también hay comidas tradicionales que no conviene comer a menudo. Mejor un buen tinto con jamón y queso, o un buen revuelto, ensaladilla, salpicón… ¡Y perdón por la impertinencia! ;)

    • Hola Gerardo,

      El comentario pretendía mostrar las contradicciones internas que todos nosotros tenemos y que muchas veces vemos ampliadas en los espejos que son nuestros hijos.

      Hablando de alimentarse, estamos de acuerdo que el valor nutricional de la patatas bravas (riquísimas) es nulo; una buena cervecita, en cambio, hidrata, tiene efectos diuréticos, aporta vitaminas, minerales, polifenoles, flavonoides… y puede tomarse sin alcohol. ¿No está mal como alternativa al tinto, no?

      Para nada impertinencia, cuando se habla de alimentación metemos en el mismo saco mucho más que el puro alimento: cultura, hábitos, creencias, emociones y, cada vez más, conocimientos. Alimentarse bien y disfrutar haciéndolo es un arte y un aprendizaje.

      ¡Gracias por participar!

  2. Me encantó!!!

    No podemos aislar a nuestros hijos de lo que se encuentra en el entorno y sí podemos, como lo hiciste, enseñarles a pensar, discernir y a disfrutar sin dañarse a sí mismos, son semillas que esperamos den fruto más adelante cuando no podamos estar a su lado.

    Abrazo desde México

    Lupita

  3. Opa! Eu quis dizer “sem deixarmos de viver nossos princípios, mas sem nos prendermos aos nossos egoísmos”…

  4. Jejejeje, muy buena opción! La practicaré!

  5. Que bom que tem solução!!!
    Eu comecei a ler e fui ficando aflita, pensando em quando chegar esse dia pra mim (meu bebê tem apenas 1 ano e meio)…
    Esse texto apontou uma nova forma de pensar, encontrando uma solução alternativa sem que deixamos de viver nossos princípios e nossos egoísmos…
    Grata!
    Abraços,
    Bia.

    • Gracias por tu comentario Bia :- )

      Aprendemos a ser padres por el camino y está bien que nos recordemos a nosotros mismos que somos solo eso, aprendices.

      Abrazo desde Barcelona,
      Elisenda

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  1. Bitacoras.com

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