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Un día monzonico slow

Me despierto sobre las siete de la mañana por una pequeña manita que me tira de los labios. Abro los ojos y veo la ancha sonrisa sin dientes de mi pequeña hija. Sólo esto ya recompensa el madrugón.

Pienso que la vida es rara, que con la edad volvemos a lo que éramos al empezar nuestro viaje en este planeta. De mayor nos vamos pareciendo de nuevo a un pequeño bebé. Menos dientes, menos pelo, dependemos de la ayuda de alguien….

Veo que mi marido también ya se ha despertado y le comunico que su hija ha sido la primera en hacerle un regalo de cumpleaños. Frunce la nariz y más rápido que el viento desaparece al baño.

Lluvia, lluvia y más … lluvia

Con mi niña en brazos salgo a la terraza. Ha estado lloviendo los dos últimos días. Se me presenta la vista al valle en diferentes tonos de verde intenso. Ha parado de llover. Encima mío un gran nubarrón gris, el valle de enfrente sumergido en la luz del sol matutino. Como cada mañana primero visitamos al nido de pajaritos que han decidido hacer de nuestro seto de flores de pasión su hogar. Crecen tan rápido que por la tarde ya se les verá diferente, ahora ya casi no caben dentro del nido.

Empieza la rutina de cada día: El maratón de tender la ropa a secar. Igual que durante los últimos días, justo cuando acabo de tender la última pieza y me siento a tomar un tecito tranquilita mientras Papa e hija se han ido un rato a casa de los vecinos, empieza a llover. Casi imposible tener una prenda de ropa realmente seca durante esta época del año. Suspirando dejo la taza en la mesita y recojo todo de nuevo, para probablemente volver a sacarlo todo de nuevo dentro de unas horitas.

Termino el pastel de cumpleaños para mi marido, rellenándolo con crema de chocolate. A veces la suerte sonríe, ayer no se fue la luz cuando se estaba cociendo el pastel en mi pequeño horno eléctrico. Desgraciadamente se ha quemado un poco por encima, pero no siempre todo puede ser perfecto.

Desde la ventana de la cocina veo que las mujeres en los campos no han dejado de trabajar a pesar de la lluvia que está cayendo. Se han cubierto el cuerpo entero con una especie de plástico talla XXL. Observo plastiquillos de diferentes colores moviéndose por los campos verdes. Sonrío y me alegro no tener que estar entre ellas con el tiempo que hace.

Deja de llover y vuelvo a tender la ropa. Ooootra vez….

Paso la tarde jugando con el bebé

Justo cuando me quiero sentar un poco con el ordenador se va la luz. Suspiro, no pasa nada, de todas formas mi marido se iba al mercado a comprar y la niña no dejará que Mamá trabaje un poco.

Paso la tarde jugando con el bebé bastante quejica y que no quiere dormir la siesta. Creo que son los dientes, pero quien sabe. Tiene que ser bastante duro no poder explicar claramente lo que te pasa y esperar a que alguien lo averigüe de alguna manera para comprenderte y ayudar.

Por la noche llegan unos pocos invitados a cenar. Dejo la vajilla para mañana.

En la cama estoy a la escucha de la lluvia fuerte y continua que está cayendo. Cierro los ojos y me dejo cautivar por el reino de los sueños.

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Escrito por Isabelle Collmer, vivo en la India donde me llaman Uma, Website: milindias.com

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2 Comentarios

  1. Que lindo e agradável texto!

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  1. Bitacoras.com

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