¿Cocinamos juntos?

Todos somos conscientes de lo importante que es que los niños, ya desde pequeños, aprendan a alimentarse bien y disfruten comiendo y, porque no, cocinando. Una manera de conseguirlo es hacerles participar, siempre que sea posible, del ritual diario de preparar las comidas.

Cocinar juntos

Sin embargo, el ritmo acelerado y frenético que nos impone la vida moderna conlleva que, tanto los niños como los adolescentes, tengan escasas oportunidades de cocinar en casa o de ver cocinar a sus padres. La inmensa mayoría comen en la escuela, donde a menudo las comidas las suministra una empresa externa. Por la noche, son muchos los hogares donde se come un bocadillo o un plato precocinado, por cansancio o falta de tiempo.

Cocinar, un acto de magia

Los niños que se encuentran en esta situación, van elaborando una idea errónea de la trascendencia de unos buenos hábitos nutricionales y terminan interpretando la práctica alimentaria como un acto de magia, en el transcurso del cual el plato aparece cocinado en la mesa, sin ningún esfuerzo o con un ínfimo proceso de elaboración.

Así, por falta de tiempo, el hecho de alimentarse acaba convirtiéndose, en muchas familias, en un simple acto de llenar el estómago de forma rápida, sin tomar realmente conciencia de que lo que comemos tiene una repercusión directa en nuestra salud física y mental y en lo que somos.

La epidemia del siglo XXI

La obesidad es una enfermedad con graves consecuencias en la edad adulta, que se inicia en la infancia. Un niño obeso será, con toda probabilidad, un adulto obeso.

El abandono de la dieta mediterránea tradicional y la actual dinámica familiar, han agravado de forma alarmante, en los últimos años, la incidencia de sobrepeso y obesidad tanto en adultos como en niños, problema que está adquiriendo unas dimensiones ciertamente preocupantes y que amenaza en convertirse en una de las epidemias del siglo XXI, al afectar, progresivamente, a un sector más amplio de la población infantil y adolescente.

Como causa primaria, cabe destacar las dietas pobres en nutrientes, altas en grasas saturadas, azúcares y cereales refinados, así como la falta de ejercicio. Observamos que tanto niños como adolescentes pasan gran parte de su tiempo libre frente al televisor, la pantalla del ordenador o los videojuegos.

Las dos principales herramientas que tenemos los padres a nuestro alcance para prevenir este tipo de situaciones, son fomentar en nuestros hijos la práctica habitual del deporte como actividad lúdica, para favorecer su desarrollo armónico tanto psíquica como físicamente y enseñarles a alimentarse de forma consciente, predicando siempre con el ejemplo.

Vuelta a la alimentación casera

La salud de nuestros hijos e hijas y su correcto desarrollo, dependen en un alto porcentaje de su tipo de alimentación. A la vista de las estadísticas indicadoras del alarmante incremento del sobrepeso y obesidad infanto-juvenil en nuestro país, la vuelta a la alimentación casera, sencilla y rica en nutrientes es actualmente una necesidad.

Los alimentos naturales, frescos, de temporada y de proximidad: Verduras, hortalizas y frutas frescas, cereales integrales, frutos secos y semillas, frutas desecadas, pastelería integral casera, mayor consumo de proteínas de origen vegetal (legumbres, tofu, seitá, tempeh…) y menor presencia de las de origen animal, deberían ser los protagonistas de la alimentación diaria de toda la familia.

No sobrealimentemos a nuestros hijos

No empachemos ni sobrealimentemos a nuestros pequeños. Numerosos estudios demuestran la relación directa entre el tamaño de la ración y la obesidad, muy especialmente, entre niños y jóvenes.

La tendencia general es llenarles el plato con una ración de adulto porque “tienen que crecer” y, con frecuencia, les obligamos a comer aunque nos digan que no tienen más apetito.

Los niños no necesitan grandes cantidades de alimento para crecer y desarrollarse armónica y correctamente. Lo que sí necesitan es una alimentación sana, variada, rica en nutrientes y baja en azúcar blanco, harinas refinadas y grasas poco saludables, como las que encontramos en los embutidos, mantequilla, margarinas hidrogenadas, bollería industrial …

Estrechar vínculos

No permitamos que el estrés del día a día nos prive de disfrutar de las maravillosas comidas caseras, de compartir la mesa y estrechar vínculos con nuestros seres queridos, de charlar, de explicar las vivencias del día…

Cuando el tiempo libre lo permita, hacer la compra, preparar los menús y cocinar con nuestros hijos, formará parte de una experiencia maravillosa que nunca olvidarán y que nos permitirá educar su paladar en el consumo de alimentos saludables. ¡Sin duda, una magnífica inversión de futuro!

Otros artículos de Josefina publicados en Sloyu

Escrito por Josefina Llargués, una entusiasta defensora de los hábitos saludables
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Fotografía de Sarah Fragoso

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