Nuestra mente es como un mono

Nuestra mente es como un mono

Cuando aprendes a meditar, inevitablemente te encuentres con los saltos de la mente. Tu concentración y atención plena se desvia continuamente hacia tus pensamientos y tus preocupaciones. El proceso de meditación consiste en reconocer las distracciones mentales y volver a centrarse – una y otra vez -en el punto de atención… con mucha paciencia y amor. Compartimos con vosotros un cuento antiguo de la India que compara nuestra mente con un mono. No pienses en monos Un aspirante espiritual querría hacer un retiro de meditacion, pero no sabia que técnica utilizar. Se dirigio a un maestro y le decía: – Maestro, te estaría sumamente agradecido si pudieras recomendarme una técnica de meditación, ya que he planeado estar varias semanas en el bosque para hacer un retiro de meditación. El maestro dijo: – ¡Excelente! En el bosque encontrarás la paz necesaria para meditar, aunque sabes muy bien que la paz hay que hacerla luego en la propia mente. No te voy a dar ninguna técnica especial para meditar, podrás pensar en lo que quieras exepto en monos. Toma buena nota: no pienses en monos. Tras agradecer al maestro su instrucción, el aspirante partió hacia el bosque. Se dijo: – Desde luego que es bien fácil el método que me ha proporcionado el maestro. No tendré el menor inconveniente, pues anda que no hay cosas en las que poder pensar excepto en monos. El aspirante se estableció en un recoleto y reconfortante lugar en la frondosidad del bosque, para estar en paz. Estuvo allí varias semanas y luego volvió junto al maestro. El maestro saludo cariñosamente al aspirante y enseguida le preguntó: – ¿Que tal ha ido tu retiro de meditación? – No he logrado pensar en nada que no fueran monos. Una y otra vez los monos venián a mi mente. Día y noche los monos estaban en mi escenario mental. – ¡Ha sido como una pesadilla! Fotografía Flickr “Monos”: Praphul...

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Es preciso cambiar para ser tú

Muchas veces hacemos las cosas con el piloto automático puesto… guiados por nuestras creencias, hábitos y maneras fijas de hacer. Optamos por repetir lo conocido sin pensarlo mucho y sin preocuparnos demasiado si está bien… ¡los cambios solamente nos traen la inseguridad! Pero no nos damos cuenta que el miedo a la inseguridad y a lo desconocido nos está alejando de nosotros mismos. Si nos cerramos a la vida y a los cambios que son necesarios para evolucionar y transformarnos, perdemos la conexión con nuestra esencia. Nos convertimos en… muertos vivos. A continuación una parábola bella sobre un río que precisa cambiar y transformarse para mantener intacta su esencia. Parábola río y desierto Se dice que un río, después de haber recorrido un trayecto de montes y campos, llegó a las arenas de un desierto y, de la misma forma que había intentado cruzar otros obstáculos que había hallado en el camino, empezó a atravesarlo. Pero sucedió que se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en la arena tan pronto entrara en ella. Aun así, estaba convencido de que su destino era cruzar el desierto, pero no hallaba la forma de hacerlo. Entonces oyó una voz que decía: – El viento cruza el desierto y también lo puede hacer el río. – Pero el viento puede volar y yo no. Soy absorbido por las arenas. – Si te lanzas con violencia como has hecho hasta ahora -continuó la voz- no conseguirás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en pantano. Debes dejar que el viento te lleve a tu destino. – Pero ¿cómo es posible esto? – Debes consentir ser absorbido por el viento. Esta idea no era aceptable para el río. Él nunca antes había sido absorbido y no quería perder su individualidad. – ¿Cómo puedo saber con certeza si una vez perdida mi forma, la podré volver a recuperar? – El viento cumple su función. Eleva el agua, la transporta a su destino y la deja caer en forma de lluvia. El agua vuelve nuevamente al río. – Pero ¿no puedo seguir siendo siempre el mismo río que soy ahora? – Tú no puedes, en ningún caso, permanecer siempre así -continuó la voz-. Tu esencia es transportada y forma un nuevo río. El río no lo veía claro, pero tampoco quería ser pantano o desaparecer. Así es que, en un acto de confianza, elevó sus vapores en los...

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Aprender a gestionar nuestro mundo interior

Existe un mundo interior muy movido dentro de nosotros donde conviven pensamientos, emociones y sensaciones. El mindfulness nos invita a explorar nuestro mundo interior y nos enseña a observar las emociones, reconocerlas y aprender a gestionarlas de tal manera que no perdemos la calma y el equilibrio. A continuación un cuento sobre el Amor, uno de los sentimientos que más nos hace gozar… ¡y sufrir también! La isla de los sentimientos Érase una vez una isla en la que habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza y muchos, muchos más, incluido el Amor. Un día avisaron a sus habitantes de que la isla se hundiría, inmediatamente todos los sentimientos se dieron prisa en abandonar la isla. Subieron a sus barcos, empezaron a navegar y se alejaron. Todos menos el Amor, que decidió quedarse un poquito más en la isla que tanto amaba antes de que se hundiera para siempre. Cuando la isla estaba a punto de anegarse por completo, el Amor empezó a ahogarse y pidió ayuda. Pasó la Riqueza en su barco y el Amor le dijo: – ¡Riqueza, llévame contigo! – No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco y no queda espacio para ti – respondió. Después le pidió ayuda a la Vanidad, que estaba pasando en aquel momento por allí: – Vanidad, por favor, ¡ayúdame! – No te puedo ayudad, Amor, estás todo mojado y vas a arruinar mi barco – dijo. Entonces el Amor pidió ayuda a la Tristeza: – Tristeza, ¿puedo ir contigo? – Ay, Amor, estoy tan triste que prefiero ir sola. Desesperado, el Amor empezó a llorar. Entonces oyó una voz que le decía: – Ven, Amor, yo te llevo. Era un viejecito muy amable. El amor estaba tan feliz que se le olvido de preguntar su nombre. Al llegar a tierra firme, el Amor le preguntó a la Sabiduría. – Sabiduría, ¿quién era el viejecito que me trajo hasta aquí? – Era el Tiempo – ¿El Tiempo? ¿Y por qué sólo el tiempo me quiso llevar? La Sabiduría respondió: – Porque sólo Tiempo es capaz de ayudar y entender un gran amor. Artículos relacionados: ¿Qué es el amor?, 11 reflexiones sobre el amor El Amor es ciego, cuento de Mario Benedetti Cuento de Jorge Bucay Fotografía Flickr “Amor” de Miriam C de...

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Espacio para crecer

Espacio para crecer

Los que estamos en un proceso de crecimiento y maduración personal sabemos que quizás el factor más importante en este proceso es el de tener espacio. Para crear el espacio vital necesario para crecer, nos debemos deshacer de lo que sobra en las diferentes áreas de nuestra vida … sin esta gran limpieza es tremendamente difícil avanzar. Para ilustrar este tema comparto con vosotros la parábola de la carpa japonesa, el koi. El entorno óptimo El pez favorito de muchos coleccionistas es la carpa japonesa, conocida comúnmente como koi. Lo fascinante del koi es que, si se mantiene en una pecera pequeña, sólo crece cinco o seis centímetros de largo. Si se coloca en un recipiente mayor o en un estanque pequeño, crecerá de quince a veinticinco centímetros. Si vive en un estanque de gran tamaño, puede llegar a crecer hasta cuarenta y cinco centímetros. Y cuando está en un gran lago donde puede desarrollarse por completo, puede llegar a tener hasta unos noventa centímetros. El tamaño del pez está en relación directa con el tamaño del recipiente donde se puede desarrollar. De igual forma, es posible hacer una analogía con las personas: todas necesitamos un espacio ecológico para crecer. Nuestro mundo determina nuestro desarrollo. Éste va a depender del espacio y las oportunidades mentales, emocionales, espirituales y físicas que decidamos darnos. Parábola del libro “Aplícate el Cuento” de Jaume Soler y M. Mercè Conangla. Fotografía carpas: Joost...

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Crisis positiva

Crisis positiva

La crisis económica nos pone a muchos de nosotros en una situación muy incómoda. No podemos mantener nuestro nivel de vida, no podemos pagar la hipoteca y otras deudas, tenemos que buscarnos la vida como sea para cubrir nuestras necesidades (básicas) … Las circunstancias nos obligan a movernos de nuestra zona cómoda y segura, hay que aprender cosas nuevas, hay que probar nuevas fórmulas, ser creativos, cambiar de sitio … ¡no nos queda otro remedio! Muchas veces – sin darnos cuenta – crecemos en estas circunstancias y encontraremos así otra vida mucha más rica de la que dejamos antes de la crisis. La vida te da sorpresas … Metáfora árboles con ricas frutas – Las adversidades pueden ser causa de crecimiento y de iluminación – dijo el maestro. Y lo explicó del siguiente modo: – Había un pájaro que se refugiaba a diario en las ramas secas de un árbol que se alzaba en medio de una inmensa llanura desértica. Un día, una ráfaga de viento arrancó la raíz del árbol, obligando al pobre pájaro a volar cien millas en busca de un nuevo refugio… hasta que, llegó a un bosque lleno de árboles cargados de ricas frutas. Y concluyó el Maestro: – Si el árbol seco se hubiera mantenido en pie, nada hubiera inducido al pájaro a renunciar a su seguridad y echarse a volar. Más artículos sobre la crisis: Me gusta la crisis ¡No te rindas! ¡Estoy en crisis! Fotografía Flickr “Frutas”: barloventomagico Anúnciate en...

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Metáfora de la carreta vacía

Metáfora de la carreta vacía

Seguro que conoces alguna persona cercana que nunca deja de presumir de lo que posee o que habla siempre de sí misma. Dicen que nadie está más vacío que aquel que solamente está lleno de sí mismo … de eso trata la siguiente metáfora de la carreta vacía. Metáfora de la carreta vacía Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó: – Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra? La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió: – Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca. – Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía. Alejandra, asombrada, preguntó a su padre: – ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto? Entonces el padre respondió: – Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace. Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo: – Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace. Más cuentos y metáforas publicados en Sloyu Fotografía Flickr “Carretas”: Abriles Anúnciate en...

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