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Existe un mundo interior muy movido dentro de nosotros donde conviven pensamientos, emociones y sensaciones. El mindfulness nos invita a explorar nuestro mundo interior y nos enseña a observar las emociones, reconocerlas y aprender a gestionarlas de tal manera que no perdemos la calma y el equilibrio.

A continuación un cuento sobre el Amor, uno de los sentimientos que más nos hace gozar… ¡y sufrir también!

Amor

La isla de los sentimientos

Érase una vez una isla en la que habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza y muchos, muchos más, incluido el Amor. Un día avisaron a sus habitantes de que la isla se hundiría, inmediatamente todos los sentimientos se dieron prisa en abandonar la isla. Subieron a sus barcos, empezaron a navegar y se alejaron. Todos menos el Amor, que decidió quedarse un poquito más en la isla que tanto amaba antes de que se hundiera para siempre.

Cuando la isla estaba a punto de anegarse por completo, el Amor empezó a ahogarse y pidió ayuda. Pasó la Riqueza en su barco y el Amor le dijo:
– ¡Riqueza, llévame contigo!
– No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco y no queda espacio para ti – respondió.

Después le pidió ayuda a la Vanidad, que estaba pasando en aquel momento por allí:
– Vanidad, por favor, ¡ayúdame!
– No te puedo ayudad, Amor, estás todo mojado y vas a arruinar mi barco – dijo.

Entonces el Amor pidió ayuda a la Tristeza:
– Tristeza, ¿puedo ir contigo?
– Ay, Amor, estoy tan triste que prefiero ir sola.

Desesperado, el Amor empezó a llorar. Entonces oyó una voz que le decía:
– Ven, Amor, yo te llevo.

Era un viejecito muy amable. El amor estaba tan feliz que se le olvido de preguntar su nombre. Al llegar a tierra firme, el Amor le preguntó a la Sabiduría.
– Sabiduría, ¿quién era el viejecito que me trajo hasta aquí?
– Era el Tiempo
– ¿El Tiempo? ¿Y por qué sólo el tiempo me quiso llevar?

La Sabiduría respondió:
– Porque sólo Tiempo es capaz de ayudar y entender un gran amor.

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Cuento de Jorge Bucay
Fotografía Flickr «Amor» de Miriam C de Souza