Me gusta que en la India todos los festivales se celebren en comunión con la luna. Hoy, el 23 de octubre de 2014, con esta luna nueva celebramos Diwali, el festival de luces. Es un poco como las navidades en la cultura cristiana.

Diwali

Diwali, luz y un nuevo comienzo

Tradicionalmente se celebra en familia y también se hacen regalos a los seres queridos. Se estrena ropa nueva como símbolo para un nuevo comienzo y todo el mundo comparte dulces de los más sabrosos para recordarse mutuamente la dulzura de la vida. Se decoran las casas y en todos los rincones brillan lámparas de arcilla rellenos de ghee (mantequilla clarificada), que desprenden un rico y dulce perfume.

En estas fechas los Hindúes veneran a Lakshmi, la diosa de la prosperidad, para que nos conceda nuestros deseos y al dios elefante Ganesh, eliminador de obstáculos, para que bendiga los nuevos comienzos y proyectos. En la India, la espiritualidad va muy entrelazada con la vida cotidiana y Diwali también marca el fin del año fiscal en los calendarios de los comerciantes.

Los días antes de Diwali se puede observar gran actividad alrededor de todas las casas, generalmente se les da una nueva capa de pintura y se llevan a cabo reparaciones necesarias para invitar a los dioses y para que estos se sientan bien recibidos. En la región donde vivo, se pintan las escaleras y las entradas de las casas de color rojo intenso con ornamentos de color blanco, los colores de la fertilidad y de la pureza, para recibir a Lakshmi y Ganesh.

La tradición varia un poco según región, pero la esencia es la misma en todas partes:

Se trata de recordar la luz de la alegría que todos llevamos dentro de nosotros; nuestra luz interior, el alma, que por muy oscura que la vida pueda parecer en ocasiones, siempre permanece allí.

¿Qué es realmente bueno y qué es malo?

El festival de luces también representa la victoria del bien sobre el mal, el poder de la luz sobre la oscuridad. Es también una época para ir hacía dentro y reflexionar.

En este contexto llegué a preguntarme:

¿Pero que es realmente bueno y que es malo?
¿Cuantas veces en mi vida pensé que algo era bueno y luego me ha hecho sufrir y cuantas veces algo que consideraba malo enriqueció mi vida?

De hecho no me sirve de nada etiquetar el mundo tan fácilmente con estos términos. Las cosas simplemente son. Me siento bien formando parte de algo, observando sin juzgar mientras está sucediendo y me siento irritada cuando pienso en lo que podría pasar o como deberían de ser las cosas, las situaciones o hasta la gente según mi percepción personal.

Creo que la finalidad de mi luz interior no es nada más que observar y sentirla. Ella me hablará en su idioma sin palabras y me guiará por el mejor camino para mí, que puede estar pintado de múltiples colores a la vez.

Escrito por Isabelle Collmer, vivo en la India donde me llaman Uma, Website: milindias.com

Imagen Flickr Creative Commons, Diwali: anildigital

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